Decían que sembraba el terror en las mentes siniestras y que los cuervos le servían como acólitos en la noche.
Decían también, que su silueta eclipsaba a la luna, mientras los lobos del ártico aullaban, en la penumbra del bosque.
Nació junto a los hombres, hecho de niebla, su cuerpo languideció mientras su silueta se formaba, nació del aliento del bosque un día de invierno, mientras ellos se formaban del barro con el fuego de los dioses.
Decía él, que los hombres se alimentaban de corazones, y que no les importaba desgarrar las entrañas de su prójimo, solo les importa comer.
En su orgullo, cubrió de sangre a Prometeo, y mientras encadenaba su corazón a las piedras del báltico prometió no ser humano y prefirió que las aves de Zeus lo devorasen, antes que servir de alimento a los hombres.
En un claro del bosque lloró pues vio que el dolor de su ser se apoderaba, e ira juntó, sintiendo el rumor de los hombres. Los cuervos graznaban y aleteaban y los lobos aullaban, Vanagoth vagó por el bosque en busca de respuestas.
Le preguntó al árbol, que en su corteza marcas de dolor se veían, por que Dios creó el amor, para los hombres, si devoraban corazones y destruían el bosque. El árbol ya viejo y cansado, tras dar su último suspiro le dijo:
- A veces las cosas son injustas, pero siempre hay redención
Redención es la palabra, así como Dios les brindó el amor, les brindó redención. Y más lloró Vanagoth al saber que nació sin amor y que nunca tendrá redención.
Decían que desafiaba Dios, levantando su cabeza en los días de lluvia. Dicen que gritó un día de relámpagos. Y que juró por su vida que la ira de la niebla invadiría el corazón de los hombres, obnubilando su razón.
Y así gritó en la noche, y las garras de niebla penetraron en la piel de sus palmas cerradas, pero no sangró… Los lobos aullaron en la penumbra y la niebla se hizo en el bosque, negándole la razón.
Y la niebla creció y el cielo cubrió, al sol apagó y a las estrellas negó. Vanagoth en su ira a los cuervos mandó a apagar todo fuego que insulte su pasión. Los lobos corrieron en busca de barro y la luna se extinguió, dejando en su recuerdo un claro en el bosque.
Cuando el frenesí se desvaneció, Vanagoth volvió, y cuando vió la consecuencia de su pasión, en el claro lloró.
Las flores muertas pedían perdón, cuando sus pétalos deshojados suspiraban de dolor. La lluvia cayó y un lago en el claro quedó. Vanagoth vio sobre su reflejo la cruz del sur y mientras los lobos aullaban vio que su pecho sangró. Pidió perdón por su orgullo, y mientras los cuervos terminaban de devorar su corazón, Vanagoth cayó y la luna surgió sin una silueta que la eclipsara.
Vanagoth sonrio mientras su cuerpo era bañando por el agua del perdón… dio un último suspiro y se dijo:
- A veces las cosas son injustas, pero siempre hay redención.